prenda tipo chaqueta vestido bodas 2019 españa

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Uncategorized

Dejó el móvil de nuevo en la mesita de noche y fue hacia el baño. Saqué el móvil del bolso, entré en nuestra conversación de WhatsApp y se la coloqué delante para empezar a leer en voz alta los últimos mensajes: —«Margot, llámame, estoy mal». Y él me contaba más y más cosas sobre un monstruo marino; sobre Perseo, que llegó a ser rey algunos años después; del amor fulminante que sintió cuando vio a Andrómeda encadenada a una roca, preparada para ser devorada. Ni que decir tengo que ese movimiento de cadera me puso como un mono de los que roban cosas a los turistas: enloquecida. —No me digas esas cosas. —No pasa nada. Romper no es una ciencia exacta. Ni siquiera yo me toqué de una manera tan certera nunca. Qué manera de besar. Uno de los clubes más modernos del fútbol, la Juventus siempre encuentra la manera de destacar. De alguna manera sí, de alguna manera no. No diré que el amor sea complicado, todo lo contrario.

Que si había entendido lo equivocada que estaba en lo que concierne al amor. Y, fíjate, con la rabia se fue también la seguridad de que no volvería a querer como nos quisimos nosotros durante aquel verano. Que estoy tan ilusionado por este tipo de acontecimientos como lo estaba cuando era un crío. —Andrómeda era hija de los reyes de Etiopía. Para él, besarse era erótico, sensual, sexual, un acto de carne. Miró hacia su polla, me miró a mí, en bragas debajo de él, y después… me besó. Clavó los dedos, frotó la palma sobre la fina tela de mi camisón y después bajó con la boca hacia él, hasta soplar sobre la marca de mi pezón endurecido. Me quitó el camisón y yo a él el pantalón corto, pero mantuvimos la ropa interior de cintura para abajo. Me volví loca y como gemí para demostrarlo, él siguió haciendo exactamente lo mismo durante una canción entera, hasta que pensé que me moría. Se movió un poco más sobre mí, cada vez más descoordinado, hasta que me soltó y se apoyó sobre los dos brazos con un gruñido.

SS Graphics (@SSGraphics72) Твиттер

Mi labio se quedó atrapado entre sus dientes y lo fue dejando libre poco a poco, mientras su cadera se movía adelante y atrás entre mis piernas. Me alejé un poco, sintiéndome rechazada, pero él eliminó la distancia aproximándose más. Me lo confirmó, de alguna manera, la forma en la que besaba mi cuello y sus manos parecían animarse, poco a poco, a alcanzar mis pechos. Era orgulloso, un poco altanero…, clásico hasta la médula en cuestiones de familia. No era amor, chandal seleccion española pero era algo. —Que este verano separados era lo mejor que podríamos haber hecho por nosotros y… le mandé otra canción. —Adiós. —¿Y tú no trabajas este fin de semana? —Perdona… —musité. —¿Por qué tengo que perdonarte? David seguía besando con la misma pasión que a los quince, estaba segura. David se movía como quien pierde la esperanza de parar el tiempo. Sonreímos, como dos tontos. Me volví para que no me viera llorar, como una niña avergonzada, y él me envolvió con sus brazos desde atrás, despacio, como si esperase en el fondo que me apartase.

Tragué mis dos pastillas, bebí un poco de agua, rezando para no atragantarme con todo (la sorpresa, lo de los condones, sus atenciones) y le pasé la botella para que él se tomara las suyas. Abrí las piernas mientras me retorcía, pero él me giró, me colocó encima y se deslizó hacia el borde de la cama. Y lo vi. No llevaba consigo más que las manos hundidas en los bolsillos de una cazadora de cuero que le quedaba muy bien. Muy bonita sudadera. Los colores del diseño se ven muy bien. —Margot… —musitó Sonia. —Y lo del libro suena bien. El ritmo empezó a ser rápido, rápido…, y perdimos los besos del otro para ganar en gemidos y jadeos que empañaban las paredes y reptaban por el suelo. Entonces, en nuestros auriculares sonó The Police con «Every breath you take» y, sin darnos cuenta, hasta los besos y nuestros movimientos se acompasaron a aquella cadencia.